viernes, 1 de junio de 2012

Aquel titiritero a la vera de Lorca



Es curioso el destino de ese fervoroso triángulo artístico que formaron, en la Granada de principios del siglo XX, Manuel de Falla, Federico García Lorca y Hermenegildo Lanz. Los tres hombres unieron su imaginación para que la tradición del teatro de marionetas diera el salto definitivo a lo culto y moderno. Y en ellos convergen de manera atroz las tres formas con las que los vencedores de la Guerra Civil liquidaron a los vencidos: el exilio (Falla), la muerte (Lorca) y el silencio (Lanz). “Y así, con ese silencio impuesto desde el interior, murió su obra, a fuerza de no citarle nunca nadie volvió a recordarle”, afirma el especialista Juan Mata sobre este polifacético hombre que ideó las escenografías y figurines del histórico El retablo de maese Pedro y cuya memoria fue “ignorada, ninguneada o, directamente, pisoteada”, afirma su nieto, Enrique Lanz San Román. Continúa

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